De un diagnóstico tardío de VIH a indetectable: mi historia demuestra que el tratamiento funciona

Mi vida abarcó la totalidad de la 'crisis del sida', el advenimiento de los antirretrovirales y ahora la era de la PrEP (Profilaxis preexposición). Conozco a personas que murieron por complicaciones relacionadas con el sida y tengo amigos cercanos que han vivido durante décadas con el VIH. Yo mismo continúo viviendo y trabajando con mi propio diagnóstico de VIH y asesorando a personas que pasan por lo mismo.

Pero hace ocho años no tenía una perspectiva tan real de las intersecciones de mi vida con el sida. Lo veía —a lo sumo— como dos historias paralelas. Entonces me enfermé. En enero de 2009, recibí un diagnóstico de mononucleosis. El tratamiento para una infección respiratoria pronto le siguió.

Pero mi fiebre persistía y los poderosos antibióticos que me dieron solo parecieron empeorar mi condición. Cuando no pude tolerar ni el agua y me puse gris, recurrí a Google y encontré un hospital local con un “departamento de enfermedades infecciosas de fama mundial”.

Ni siquiera sabía si mi seguro cubriría la visita, pero fui porque sabía que algo iba muy mal.

Después de innumerables análisis de sangre, durante los cuales el equipo médico usaba máscaras y guantes —algo poco tranquilizador—, me dijeron que estaba experimentando una seroconversión poco común. Mi situación fue terrible. Tuve una infección por estafilococos y un diagnóstico de sida.

Las máscaras eran para protegerme a mí y no al personal. Mi sistema inmunológico estaba tan comprometido que les preocupaba exponerme a otras infecciones. Perdí 40 libras, tuve aftas y sentí la desesperanza y el miedo que habían experimentado tantas personas que habían muerto en los años 80 y 90.

Pero a diferencia de aquellos a quienes perdimos durante los primeros años de la epidemia, vivo en la era del tratamiento. Y no me refiero a medicamentos tóxicos que solían llamar “tratamiento”, sino a una terapia de dosis única altamente tolerable que funciona milagrosamente.

Me tomó siete meses controlar mi VIH y llevar mi carga viral a indetectable. Llegué a ese hito en Halloween de ese mismo año. Y he permanecido indetectable desde entonces.

Pero si bien mi historia no es particularmente única, me puso en mi camino actual y es un testimonio de un hecho básico e irrefutable: el tratamiento contra el VIH funciona. Muchos continúan teniendo una visión de la epidemia como la que yo tenía antes de mi diagnóstico.

A pesar de nuestros esfuerzos por todas las personas que viven con el VIH o que están afectadas por él, las ideas erróneas sobre los regímenes de medicamentos tóxicos y los gastos médicos insuperables siguen siendo alarmantemente comunes, y el estigma que rodea a esta enfermedad es persistente y letal.

Pero no tiene que ser así. Los tratamientos continúan mejorando. Las personas diagnosticadas hoy pueden esperar vivir casi tanto como sus amigos y seres queridos que son VIH negativo. Y si toman su medicamento según las indicaciones y logran la supresión viral, no pueden transmitir el VIH a otros (indetectable = intransmisible).

Hay momentos en mi trabajo en los que siento que estoy nadando contra múltiples corrientes. Pero a pesar de los desafíos que enfrentamos, las cosas están mejorando. Vamos a vencer a esta enfermedad. Pero debemos comenzar a hablar sobre el VIH y la realidad del tratamiento hoy.

Mi deseo es que haya una conversación real sobre el VIH y el tratamiento, de modo que historias como la mía continúen convirtiéndose en lejanos recuerdos de una enfermedad en una época pasada.

Fuente: Univision.com, diciembre 2017